miércoles, 9 de octubre de 2013

Estaba revisando una gota de agua. Despacio intentaba entrar en esa capsula transparente. La sentía hundirse en el medio y lentamente me mojaba.
 Tenia los oídos llenos de agua cuando descubrí que lo había logrado, tardé segundos para sentirme intrigada por el material de esas paredes que ahora me encerraban ¿pero acaso tocarlas, no significaría el fin, la explosión, la destrucción de este nuevo espacio?
Ignorando la intriga y decidida, me propongo explorar ese interior. Abajo del agua las cosas son mas confusas y los sonidos son muy distintos. De ratos no podía hacer otra cosa que dejarme llevar por la corriente inquietada, era como si alguien de afuera me intentara sacar o tal vez tratara de entrar.
Cuando aparecía la luz, sentía como se formaba el arcoiris, como se dividía ese blanco en colores. La verdad no se cuanto tiempo estuve jugando a saltar estas lucesitas, pero cuando ya creía que ahí adentro no tenía nada mas para hacer fue que empecé a ser consciente de mi transformación. Mi piel de tanto arrugarse se rompía como si yo estuviera cubierta de cáscaras, mis piernas desaparecían ya cansadas de patalear, mi sangre ya inundaba toda la gota, la hinchaba, pero ya no era roja. Tenía tanto miedo que cerré los ojos, y me entregué a ese caudal. Cuando volví a mirar sentí mi cuerpo de nuevo, y un líquido tibio chorreaba en mi mano. Desde ese momento cada vez que llueve, no puedo dejar de llorar sabiendo que estoy siendo espectadora del fin de millones de pequeños universos.

S.L

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